martes, 23 de marzo de 2010

Muerte de Trotski

Trotski poco antes de morir

Un poco de su vida:


Lev Davídovich Bronstein, en ucraniano transliterado Bronštein o Bronshtein , más conocido como León Trotsky, nació en Yanovka, Ucrania el 7 de noviembre de 1879 (26 de octubre según el calendario juliano prerrevolucionario) y murió asesinado en Coyoacán, Ciudad de México, el 21 de agosto de 1940.
Político y teórico revolucionario soviético, protagonista de la Revolución bolchevique en Rusia en 1917, que dio origen al primer Estado obrero del mundo. Negoció la retirada de Rusia de la Primera Guerra Mundial mediante la Paz de Brest-Litovsk. Tuvo a su cargo la creación del Ejército Rojo que consolidaría definitivamente los logros revolucionarios venciendo a catorce ejércitos extranjeros y a los Ejércitos Blancos contrarrevolucionarios durante la Guerra civil rusa; fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja. Posteriormente, se enfrentó política e ideológicamente a José Stalin, liderando la Oposición de Izquierda, lo que le causó el exilio y posterior asesinato a manos de la OGPU.



Su muerte:

El 20 de agosto de 1940, a las siete de la mañana, recibió algunos instantes en su despacho, al “camarada” Jackson-Monard-Vendendreschd que lo mató de un golpe de piolet en el cráneo. La identidad del asesino no ha sido establecida aún, pero se sabe que viajaba con el pasaporte de un combatiente de las Brigadas Internacionales muerto en España. [Posteriormente se le identificó como Ramón del Río Mercader, español, miembro de las juventudes del PSUC]. El veredicto de la justicia mexicana ha establecido que se trataba de un instrumento pagado por una organización potente. El mismo ha proclamado su admiración por Stalin...

La batalla de Verdún

La Batalla de Verdún fue la más larga de la Primera Guerra Mundial, y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. En ella se enfrentaron los ejércitos francés y alemán entre el 21 de febrero y el 19 de diciembre de 1916, alrededor de Verdún, en el nordeste de Francia. El resultado fue de un cuarto de millón de muertos y alrededor de medio millón de heridos entre ambos bandos.
La batalla se popularizó por el famoso «¡No pasarán!» dicho por el comandante francés Robert Nivelle.
En el terreno donde se llevaron a cabo los enfrentamientos se construyó un memorial donde reposan mezclados los restos de miles de soldados de los dos países que no pudieron ser identificados.

Madre de Francisco Fernando


María Luisa de Borbón-Parma (Parma, 9 de diciembre de 1751Roma, 2 de enero de 1819) fue reina consorte de España como esposa de Carlos IV. Era nieta de Luis XV de Francia, hermana de Fernando I de Borbón-Parma y prima carnal de los reyes franceses Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X. Se la considera última reina del Antiguo Régimen en España.


Era hija de Felipe I, duque de Parma y de la princesa Isabel de Francia, hija del rey Luis XV. Según muchos historiadores, recibió una educación discutible, bajo influencia del controvertido abad Étienne Bonnot de Condillac, quien defendía ciertas libertades en cuanto a moralidad que en aquella época resultaban impropias de las damas nobles.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

La estatua de Espartero


El monumento al General Espartero de la Villa de Madrid,está ubicado en la confluencia de las calles de Alcalá y O'Donnell, justo en el límite de los distritos de Salamanca y Retiro, y frente a la puerta de Hernani que da acceso al Parque del Retiro. Representa al político y militar Baldomero Espartero(1793-1879) montado a caballo y ataviado con traje de campaña. Fue costeado por suscripción nacional e inaugurado con toda solemnidad en el año 1886.

Himno de Riego

http://www.youtube.com/watch?v=zec9vlvwuxo
Serenos y alegres,valientes y osados¡Cantemos, soldados,el himno a la lid!¡De nuestros acentosel orbe se admirey en nosotros mirelos hijos del Cid!
Soldados, la patrianos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
¡Blandamos el hierroque el tímido esclavodel libre, del bravo,la faz no osa ver!Sus huestes cual humoveréis disipadas,y a nuestras espadasfugaces correr.
Soldados, la patrianos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
¿El mundo vio nuncamás libre osadía?¿Lució nunca un día más grande el valor,que aquel que, inflamados,nos vimos del fuegoque excitara a Riegode Patria el amor?
Soldados, la patria nos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
Honor al caudillo,honor al primeroque el cívico aceroosó fulminar.La patria afligidaoyó sus acentosy vio sus tormentosen gozo tornar.
Soldados, la patria nos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
Su voz fue seguida,su voz fue escuchada,tuvimos en nadasoldados morir.Y osados quisimosromper la cadenaque de afrenta llenadel bravo el vivir.
Soldados, la patria nos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
Ya la alarma tocan;las armas tan sóloel crimen, el dolo,podrán abatir.¡Que tiemblen, que tiemblen,que tiemble el malvado,al ver al soldadola lanza esgrimir!
Soldados, la patria nos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
La trompa guerrerasus ecos da al viento,de horrores sediento;ya muge el cañón.Ya Marte, sañudo,la andana provocay el genio se invocade nuestra nación.
Soldados, la patria nos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!
Se muestran: ¡volemos,volemos, soldados!¿Los veis aterradosla frente bajar?¡Volemos, que el librepor siempre ha sabidoal siervo rendidola frente humillar.
Soldados, la patria nos llama a la lid,¡Juremos por ellavencer o morir!

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Juan Crisóstomo de Arriaga

Juan Crisóstomo Jacobo Antonio de Arriaga y Balzola (27 de enero de 1806 - 17 de enero de 1826) fue un compositor español.Murio a las 20 años de tuberculosis)

OBRAS DE ARRIAGA QUE AÚN SE CONSERVAN:
De su producción sinfónica se han conservado las Oberturas Op. 1, Op. 20 y la Obertura para su ópera en dos actos Los esclavos felices, cuyo libreto escribió el célebre dramaturgo Luciano Francisco Comella. Aunque se compuso entera, es todo lo que ha quedado de ella. Su catálogo orquestal se completa con la Sinfonía en Re mayor.
Sin duda la obra más famosa de Arriaga son los tres cuartetos de cuerda, única obra que vio publicada en vida.
Otra parte importante de su producción es la obra para voz y orquesta que también comprende arias, cantatas y música religiosa, entre la que destaca su Stabat Mater para dos tenores bajos y orquesta.
Escribió asimismo algunas pequeñas piezas y estudios para piano y para violín.
LOS ESCLAVOS FELICES OBRA DE ARRIAGA:

Mariano José de Larra


Mariano José de Larra y Sánchez de Castro (Madrid, 24 de marzo de 1809 – Ibídem, 13 de febrero de 1837) fue un escritor y periodista español y uno de los más importantes exponentes del romanticismo español.
Es considerado, junto a Espronceda, Bécquer y Rosalía de Castro, la más alta cota del romanticismo literario español. Periodista, crítico satírico y literario, y escritor costumbrista, publica en prensa más de doscientos artículos a lo largo de tan sólo ocho años. Impulsa así el desarrollo del género ensayístico. Escribe bajo los seudónimos Fígaro, Duende, Bachiller y El pobrecito hablador. De acuerdo con Iris M. Zavala, Larra representa el «romanticismo democrático en acción». Lejos de la complacencia en las efusiones del sentimiento, Fígaro sitúa España en el centro de su obra crítica y satírica. Su obra ha de entenderse en el contexto de las Cortes recién nacidas tras la década ominosa (1823–1833), y de la primera guerra carlista (1833–1840).
Tras el temprano suicidio de Larra a los 27 años de edad, José Zorrilla lee en su entierro una elegía con la que se da a conocer.
En 1908 algunos de los representantes de la generación del 98, Azorín, Unamuno y Baroja, llevan una corona de flores a su tumba, homenaje que significa su redescubrimiento y la identificación del grupo con el pensamiento de Larra y con su preocupación por España.


Fragmento de un texto escrito por José de Larra:

Un extranjero de éstos fué el que se presentó en mi casa, provisto de competentes cartas de recomendación para mi persona. Asuntos intrincados de familia, reclamaciones futuras, y aun proyectos vastos concebidos en París de invertir aquí sus cuantiosos caudales en tal cual especulación industrial o mercantil, eran los motivos que a nuestra patria le conducían.
Acostumbrado a la actividad en que viven nuestros vecinos, me aseguró formalmente que pensaba permanecer aquí muy poco tiempo, sobre todo si no encontraba pronto objeto seguro en que invertir su capital. Parecióme el extranjero digno de alguna consideración, trabé presto amistad con él, y lleno de lástima traté de persuadirle a que se volviese a su casa cuanto antes, siempre que seriamente trajese otro fin que no fuese el de pasearse. Admiróle la proposición, y fué preciso explicarme más claro.
--Mirad --le dije--, monsieur Sans-délai, que así se llamaba; vos venís decidido a pasar quince días, y a solventar en ellos vuestros asuntos.
--Ciertamente --me contestó--. Quince días, y es mucho. Mañana por la mañana buscamos un genealogista para mis asuntos de familia; por la tarde revuelve sus libros, busca mis ascendientes, y por la noche ya sé quién soy. En cuanto a mis reclamaciones, pasado mañana las presento fundadas en los datos que aquél me dé, legalizados en debida forma; y como será una cosa clara y de justicia innegable (pues sólo en este caso haré valer mis derechos), al tercer día se juzga el caso y soy dueño de lo mío. En cuanto a mis especulaciones, en que pienso invertir mis caudales, al cuarto día ya habré presentado mis proposiciones. Serán buenas o malas, y admitidas o desechadas en el acto, y son cinco días; en el sexto, séptimo y octavo, veo lo que hay que ver en Madrid; descanso el noveno; el décimo tomo mi asiento en la diligencia, si no me conviene estar más tiempo aquí, y me vuelvo a mi casa; aún me sobran de los quince, cinco días.
Al llegar aquí monsieur Sans-délai, traté de reprimir una carcajada que me andaba retozando ya hacía rato en el cuerpo, y si mi educación logró sofocar mi inoportuna jovialidad, no fué bastante a impedir que se asomase a mis labios una suave sonrisa de asombro y de lástima que sus planes ejecutivos me sacaban al rostro mal de mi grado.
--Permitidme, monsieur Sans-délai --le dije entre socarrón y formal--, permitidme que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid.
--¿Cómo?--Dentro de quince meses estáis aquí todavía.
--¿Os burláis?
--No por cierto.--¿No me podré marchar cuando quiera? ¡Cierto que la idea es graciosa!
--Sabed que no estáis en vuestro país activo y trabajador.
--¡Oh!, los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de hablar mal [siempre] de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.
--Os aseguro que en los quince días con que contáis, no habréis podido hablar siquiera a una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.
--¡Hipérboles! Yo les comunicaré a todos mi actividad.
--Todos os comunicarán su inercia.
Conocí que no estaba el señor de Sans-délai muy dispuesto a dejarse convencer sino por la experiencia, y callé por entonces, bien seguro de que no tardarían mucho los hechos en hablar por mí.
Amaneció el día siguiente, y salimos entrambos a buscar un genealogista, lo cual sólo se pudo hacer preguntando de amigo en amigo y de conocido en conocido; encontrámosle por fin, y el buen señor, aturdido de ver nuestra precipitación, declaró francamente que necesitaba tomarse algún tiempo; instósele, y por mucho favor nos dijo definitivamente que nos diéramos una vuelta por allí dentro de unos días. Sonreíme y marchámonos. Pasaron tres días: fuimos.
--Vuelva usted mañana --nos respondió la criada--, porque el señor no se ha levantado todavía.

--Vuelva usted mañana --nos dijo al siguiente día--, porque el amo acaba de salir.

--Vuelva usted mañana --nos respondió al otro--, porque el amo está durmiendo la siesta.

--Vuelva usted mañana --nos respondió el lunes siguiente--, porque hoy ha ido a los toros.

--¿Qué día, a qué hora se ve a un español? Vímosle por fin, y Vuelva usted mañana --nos dijo--, porque se me ha olvidado. Vuelva usted mañana, porque no está en limpio.

 
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